Mi
papel de observadora social (Sapa) me ha llevado a presenciar diversas
situaciones, de las cuales en muchas he sido parte sin “querer queriendo”.
Por ejemplo,
recuerdo muy bien la otra mañana cuando tomé un colectivo. Una señora, pasados
los 50 años, entregaba el dinero al chofer sin percatarse que le faltaban $100 pesos,
el conductor amablemente le dijo: “Señora,
faltan $100 pesos” La
pobre señora buscó y rebuscó el dinero faltante en su cartera sin obtener la tan ansiada monedita, y para mi mala suerte yo estaba sentada a su
lado, por ende, ella me usó como receptora de sus críticas a las tarifas del
transporte público. Yo sólo asentía y pensaba “Quizás si le doy los $100 ella me
deje de hablar” Me
puse los audífonos y sentía su voz cada vez más lejos mientras “Helter Skelter” sonaba cada vez más cerca. La señora
que claramente no entendió la indirecta me tomó del brazo y me dijo “Estos
tipos son unos abusadores y después andan reclamando” el chofer solamente se rió y nos dijo “Que
tengan un buen día” Habíamos
llegado a la parada. Yo sólo pensaba: "La vieja barsa, lo hizo otra vez"
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Ser weona, la enfermedad que no cubre FONASA
Cada cierto tiempo las minas tenemos caidas, algunas peores que otras. Pero la weona, The real weona, es la que se cae una y otra y otra vez y que sabe que se sacará la chucha de hoci al suelo e igual sigue su camino directo a la weonés. Yo estoy en ése montón de minas weonas que saben que son weonas y juran que la próxima vez no les va a pasar pero siempre caen...porque su weonés casi la llevan en el ADN, es una cuestión genética, se traspasa de madre a hija. Ojalá que mi hija salga un poco más viva que yo.
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