Mi
papel de observadora social (Sapa) me ha llevado a presenciar diversas
situaciones, de las cuales en muchas he sido parte sin “querer queriendo”.
Por ejemplo,
recuerdo muy bien la otra mañana cuando tomé un colectivo. Una señora, pasados
los 50 años, entregaba el dinero al chofer sin percatarse que le faltaban $100 pesos,
el conductor amablemente le dijo: “Señora,
faltan $100 pesos” La
pobre señora buscó y rebuscó el dinero faltante en su cartera sin obtener la tan ansiada monedita, y para mi mala suerte yo estaba sentada a su
lado, por ende, ella me usó como receptora de sus críticas a las tarifas del
transporte público. Yo sólo asentía y pensaba “Quizás si le doy los $100 ella me
deje de hablar” Me
puse los audífonos y sentía su voz cada vez más lejos mientras “Helter Skelter” sonaba cada vez más cerca. La señora
que claramente no entendió la indirecta me tomó del brazo y me dijo “Estos
tipos son unos abusadores y después andan reclamando” el chofer solamente se rió y nos dijo “Que
tengan un buen día” Habíamos
llegado a la parada. Yo sólo pensaba: "La vieja barsa, lo hizo otra vez"
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